EL SENTIMIENTO DE CULPA

CULPA

Al igual que otras emociones como la tristeza o el miedo, la culpa es también desprestigiada y rechazada, como si fuera un error típico de estúpidos o débiles. Se enmarca dentro de aquellas emociones consideradas negativas y suele producir una sensación de malestar y desagrado, siendo por ello condenada a estar oculta, no entendida y poco explorada.

En ocasiones, olvidamos que todo lo que existe en la naturaleza tiene una función y un sentido. La culpa es un sentimiento biológico que, como las demás emociones, cumple ciertas funciones. No obstante, cuando no sabemos relacionarnos con él, este puede convertirse en una losa de culpa insana y determinar el rumbo de nuestra vida, llevándonos al autosabotaje y al castigo.

La culpa es una emoción secundaria y forma parte de las emociones morales de autoconciencia, junto al orgullo, la vergüenza y el pudor . Estas emociones hacen referencia al bienestar social, según normas aprendidas o convicciones personales y velan por la supervivencia de la colectividad. Se da una valoración previa a su aparición y depende, parcialmente, de la cultura en la que estamos inmersos.

Esto incluye el no cumplir con nuestros compromisos o no saldar nuestras deudas.

culpa

Todos tenemos la capacidad de dañar.

Cuando hemos hecho daño, lo que nos ayuda es sentir y llevar la culpa, y reparar lo que se pueda, si se puede. “A lo hecho, pecho”; hay que albergar en nuestro pecho los sentimientos y consecuencias de lo que hicimos, en lugar de esconder la cabeza bajo la arena. Uno hace la mayoría de las cosas porque lo elige, aunque no escaseen los argumentos que lo apoyan, pero tiene que enfrentarse al hecho de que fue una elección propia.

La culpa por daños o incumplimientos es peligrosa, ya que, si no la asumimos, integramos o compensamos puede ser que la expiemos a paguemos un alto precio por ella bajo la premisa loca y cuestionable de que un daño causado se paga infligiéndose otro daño, lo cual no es compensación, sino pura e inútil expiación. Los daños causados se compensan haciendo algo bueno por el otro, el perjudicado, y no algo malo en contra de nosotros mismos. Esto nos ayudaría a no caer en una baja autoestima como consecuencia de trasgredir el código ético que existe en los vínculos entre las personas.

“Si hemos realizado acciones que dañaron nuestra autoestima, sólo realizando acciones contrarias podremos recuperarla”

Branden

El sentimiento de culpa, a veces nos protege de otro sentimiento que sería aún más insoportable; el sentimiento de no control, de indefensión sobre lo que ocurre, vulnerabilidad y fragilidad. Cuando me siento culpable, pienso que soy responsable de la situación y me digo que puedo hacer algo. Esto me protege de los sentimientos de indefensión; “si soy culpable es que puedo hacer algo, no soy indefenso”.

Es muy común que en las primeras fases del duelo o pérdida de un ser querido aparezca el sentimiento de culpa en forma de «y si»; y si hubiera hecho…, y si le hubiera dicho…etc. Se trata de un proceso normal que nos presenta alternativas a lo ocurrido y nos infunde cierta sensación de control sobre los hechos, ocultando brevemente la sensación de vulnerabilidad y dolor ante lo ya acontecido.

Los sentimientos de culpa también protegen a una persona a la que se necesita idealizar. Esto es muy común en los niños, que suelen asumir la culpa por las equivocaciones de los padres o de las personas responsables de ellos en su primera infancia; “están discutiendo por mi culpa”. Muchas personas que sufren maltrato se autoinculpan por la agresión del otro, de esta manera justifican su conducta y no hacen frente a la realidad que están sufriendo; “si soy el malo, entonces el otro puede ser el bueno”.

La culpa también nos protege de tener que asumir nuestra responsabilidad y tomar acciones. Al declarar que “yo soy un desastre” me paralizo para actuar y delego mi responsabilidad en otros o en la vida. La frase “Yo soy así” me permite no tener que enfrentarme a mí mismo.

La culpa como mecanismo de defensa, si se cronifica y se vuelve rígido, crea parálisis e inmoviliza.

Podemos utilizar la culpa como manera de conseguir que los demás actúen de una manera determinada. Cuando alguien sabe (consciente o inconscientemente) que es vulnerable a ser manipulado por los sentimientos de culpa, o lo ha sido a lo largo de su educación, puede incorporar este tipo de manipulación (consciente o inconscientemente) como modo de relación insano con los demás.

Es bastante común el uso de una “educación” que genera culpa en los niños con el objetivo de que cambien su conducta, siendo los pequeños más sensibles a la manipulación; “con todo lo que hago por ti y tú no puedes ni sacar buenas notas”, “si me quisieras no me harías estas cosas”, “he sacrificado mi carrera para cuidar de ti y así me lo pagas”, “sé un buen hijo y hazme este recado”.

CULPA

Cada grupo, cada familia esta surcada por un conjunto de normas y reglas, implícitas o explicitas, cuyo cumplimiento asegura nuestra pertenencia al grupo y nuestra buena conciencia. Estas normas y reglas las asumimos en la infancia y sin previa digestión nos las «tragamos» (sin cuestionarlas). El proceso de crecimiento e individuación se produce al cuestionar estos mandatos y rechazarlos o asumirlos como propios después de una “buena masticación” que nos indica si nos convienen y si podemos elegirlos.

Sin embargo, cuando vamos más allá de los mandatos o reglas de nuestros grupos o nuestra familia, crecemos y nos exponemos a una mayor soledad interior, y experimentamos culpa. El psicólogo Joan Garriga llama a esto «la buena culpa» y afirma lo siguiente: «Se trata de una culpa buena, una culpa de crecimiento, de desarrollo, una culpa por perfilar nuestro propio camino y nuestros propios valores a nuestra propia manera».

Se trata de la culpa por ser felices o más felices, cuando otros no lo fueron tanto, por estar bien cuando otros no lo estuvieron, por vivir cuando otros murieron, por hacer las cosas a nuestro modo en lugar del modo familiar. Soportar y sostener, en lugar de erradicarla, porque somos felices y estamos en sintonía con nuestro propio movimiento interior.

Joan Garriga

Cuando ignoramos nuestros valores para guiarnos por valores ajenos, podemos sentir tristeza, rabia o frustración, creando relaciones de conflicto con las personas cercanas, ya que los valores o normas asumidos entran en contradicción con mi experiencia, mis necesidades o mi libertad. A su vez, cuando actuó en base a mis valores, pero niego los inculcados por un sistema (ya sea familiar, institucional o de otra índole), puedo sentirme culpable…

En definitiva, los sentimientos de culpa pueden avisarnos de que estamos poniendo en peligro nuestras lealtades y nuestra pertenencia hacia aquellos que queremos, especialmente hacia nuestra familia de origen. Su función sería la de asegurar la lealtad a nuestros seres queridos.

culpa

El autor del libro «Sé amigo de ti mismo«, José Vicente Bonet afirma que «Los sentimientos malsanos de culpabilidad generan autoagresión y autodesprecio. Pueden provocar conductas compensatorias (comer o beber en exceso), bloquear actitudes de cambio positivo y exceder el juego psicológico de darse importancia. También puede incluir miedo al rechazo o castigo, presencia de un “ojo crítico interno”, que espía las vivencias más íntimas y representan un falso Dios.«

El sentimiento de culpa puede ser disfuncional de diferentes maneras;

Culpa estúpida e inútil: Consiste en creer, gracias al pensamiento mágico y al exceso de importancia personal, que todo gira a nuestro alrededor, que muchas cosas no ocurren por su propia voluntad, sino que nos incumben o conciernen. A la gente le pasan cosas por su propia cuenta, que no todo lo que vive es por nuestra ocurrencia. Que si se accidenta, se desenamora, se queda o se va, puede que suceda incluso con independencia de nuestro comportamiento. Estamos en manos de lo divino y su voluntad. La vida tiene propósitos que no siempre encajan con nuestros deseos personales y con nuestros esfuerzos.

Culpa parásita: Tendencia a sentirse culpable de todos los actos propios, en especial cuando se acaba de empezar a disfrutar o estamos a punto de hacerlo.

Culpa neurótica: Sentirse culpable de cosas que no merecen culpa o no han sido elegidas por nosotros.

Inocencia neurótica o culpa prohibida: La imposibilidad de sentir la culpa cuando se es realmente culpable. Esto es un problema peligroso porque la culpa es una emoción que nos ayuda a crecer como personas, mantener una autoestima sana y relacionarnos con los demás de forma positiva. La inocencia neurótica es común en los trastornos narcisista o antisocial de la personalidad.

3.1 LA CULPA A JUICIO

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¿Qué culpas están «vivas» dentro de mi? Identifica que sentimientos de culpa están presentes en ti y elige aquella culpa que quieras llevar a Juicio.

Cuando hayas seleccionado una, responde las siguientes preguntas:

  • ¿Tengo que rectificar y reparar un daño?
  • ¿Estoy tapando otro sentimiento o defendiéndome de alguna situación?
  • ¿Alguien puede haber utilizado la culpa para controlar mi comportamiento?
  • ¿Me considero desleal a alguien o a mi mismo?
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3.2 VALORES DE LA FAMILIA VS MIS PROPIOS VALORES

Explora a través de esta tabla si existe culpa por conflicto de valores con tu grupo familiar. ¿Qué valores compartes con tu familia y cuales de ellos han surgido posteriormente? ¿Cómo te sientes al percibir estas diferencias o puntos de posible desencuentro?

3. 3 ¿CUANDO PEDIR AYUDA PROFESIONAL?

La culpabilidad no resuelta puede tener un impacto significativo en la salud mental y bienestar general, aumentando el riesgo de desarrollar problemas como depresión, ansiedad o trastornos de estrés postraumático. Si crees que la culpa está afectando negativamente tu calidad vida y tu capacidad para funcionar de manera saludable, considera buscar ayuda profesional para recibir el apoyo que necesitas. Estos pueden ser algunos de los indicadores:

  • Problemas en las relaciones sociales. La culpa no resuelta puede afectar tus relaciones interpersonales, ya sea creando distancia emocional con los demás o generando conflictos y resentimientos.
  • Obsesión con la culpa: Puede que te encuentres constantemente obsesionado con sentimientos de culpa, remordimiento o auto-recriminación, incluso cuando no hay una razón clara para sentirte así.
  • Sensación de estancamiento personal o parálisis respecto algún asunto en tu vida.
  • Dificultad para gestionar pensamientos y emociones: El sentimiento de culpa puede hacer que te sientas atrapado en pensamientos y emociones dolorosas que te impiden avanzar en tu vida y alcanzar tus metas. Puede desencadenar una variedad de emociones intensas, como tristeza, ansiedad, ira o vergüenza, que pueden ser difíciles de manejar por tu cuenta.
  • Baja autoestima o pobre autoconcepto. Sentimientos de ser indigno o poco merecedor de amor o respeto.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bonet, J., 2011. Sé amigo de ti mismo. Santander: Sal Terrae.

Garriga, J., 2020. Buen amor en la pareja. 10th ed. Barcelona: Booket

Gimeno-Bayón, A. (2020). Baúl de recursos. Intervenciones con Psicoterapia Integradora Humanista.
Hakabooks.

Pérez Sales, P. (2006). Trauma, culpa y duelo. DDB.

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